ALEJANDRO RANGEL HIDALGO

El artista que pintó todo un mundo de niños de fantasía

MAYO.19.2017

Don Alejandro Rangel Hidalgo nació el 2 de febrero de 1923, en la ciudad de Colima, Colima, fue el hijo mayor de Francisco Rangel y Concepción Hidalgo. Sus abuelos habían sido muy ricos, uno dedicado al azúcar y otro a las perlas; la Revolución cambió la historia y la familia Rangel Hidalgo creció sólo con el olor de la riqueza. Se dice que Alejandro nació pintando. Su familia, particularmente su madre, alentó su conocimiento y creatividad desde temprana edad. Sus primeros estudios los realizó en casa y después se marchó junto con sus hermanos a Guadalajara a estudiar con los Jesuitas secundaria y preparatoria. Amante de las ciencias naturales comenzó pintando plantas, frutas y animales bajo la tutela de Rafael Heredia en Colima y luego con José Vizcarra en Guadalajara.

Hizo un año de Derecho, después desafió a su padre y le anunció que prefería ser artista que abogado. Con el interés de aprender y a cambio de unos cuantos centavos entró como dibujante al despacho Julio de la Peña, el arquitecto más famoso de Guadalajara en ese momento. Luego se relacionó con Ignacio Díaz Morales, cuya formación también ejercería una importante influencia en su obra, lo mismo que Luis Barragán. Fue esta estrecha relación con la arquitectura lo que hizo que lo considerarán arquitecto.

Estando en Amberes en 1995, en compañía del gran amigo Heriberto Galindo y su esposa Maricarmen, quise ver una vez más el retablo de los Van Eyck, La Adoración del Cordero, en Gante. Sólo hay dos pintores perfectos: Van Eyck y Mondrian. Y Rangel Hidalgo -interpuso Heriberto al instante”.

En 1947 viaja becado a París, recorre Europa y se queda en España, donde colabora con el músico michoacano Miguel Bernal Jiménez. Durante su estancia en España, Rangel Hidalgo expone 23 obras en el Museo de Arte Moderno de Madrid y asiste a clases para perfeccionar su técnica. Rangel fue un ferviente creyente de las casualidades y que todo en la vida se construye con base en decisiones y las personas que se cruzan en nuestro camino y nos influencian a tomarlas. Su encuentro con Mathias Goeritz, un artista polaco (1915 -1990) fundador de la Escuela de Altamira, cuyo lema fue “Todos los hombres, por fin hermanos, se convierten en artistas” es determinante para ambos.

Si bien la fama le llegó en 1963 con “Los ángeles de este mundo”, serie que UNICEF y la New York Graphic Society editaron dándole un reconocimiento internacional al publicarlas como tarjetas de Navidad, de las que se vendieron más de 8 millones de ejemplares, además de ser el único mexicano invitado con este fin. Eso sólo es la punta del iceberg. Varios son los artistas grandiosos que ha dado este estado, pero quien ha tocado con su obra e influencia a más personas a nivel local, nacional e internacional, en cualquiera de sus disciplinas, es definitivamente él. La mayoría, aún sin conocimientos de arte, podemos reconocer su estilo marcado y definido, algo que sólo los grandes artistas logran. Quienes saben apreciarán la técnica, a la mayoría simplemente les gusta. Incluso quienes no comulgan con su obra reconocen su trascendencia en la cultura popular.

Sumergirnos en el mundo rangeliano ¿rangeliano? es conocer ese México tan rico en arte de la década de los 50, donde los nombres de los grandes pintores, escritores y poetas podían nombrarse por aparecer todos juntos en la misma tertulia, por esas eternas rivalidades artísticas, por las amistades entrañables y las colaboraciones que surgen espontáneas para la creación. Un mundo que tiene todo que ver con Colima, ese Colima del que Rangel nunca pudo apartarse.

El estilo Rangeliano

Los artistas no escapan de las etiquetas. A Rangel Hidalgo se le consideró erróneamente un artista naif. En la Enciclopedia de México aparece: Rangel vivió en Altamira, Santander, para estudiar la pintura rupestre, “arte -según él- sin los prejuicios de la cultura”. A su regreso al País, hacia 1950, decoró el restaurante La Copa de Leche de Guadalajara, donde consagró un nuevo estilo, a la vez moderno y tradicional.

Su obra, de “aliento mexicanista, equilibrando las raíces indigenistas y españolas. Su estilo, intelectualmente naif, se ha expresado y multiplicado en tarjetas, portadas y carteles”. Lo cierto es que luego de abandonar la pintura abstracta, comenzó a surgir el llamado estilo rangeliano, decían que pintaba como niño aplicado por ejercer el arte con esa mezcla de pasión y perfección. Su amigo Antonio Hass escribió: “Como un Merlín fabuloso enclaustrado en su estudio y en su viudez, el hacedor produce sus escasos pero siempre eficaces sortilegios… Él no busca la publicidad. Su presa es otra: la insólita, elusiva y, para otros mortales, invisible instancia de la perfección” y cuenta una anécdota: “Estando en Amberes en 1995, en compañía del gran amigo Heriberto Galindo y su esposa Maricarmen, quise ver una vez más el retablo de los Van Eyck, La Adoración del Cordero, en Gante. Sólo hay dos pintores perfectos: Van Eyck y Mondrian. Y Rangel Hidalgo -interpuso Heriberto al instante”.

El legado

El arte se defiende solo, a veces a susurros y otras a gritos. Una pintura puede decirte tanto en una sola tarde y porqué no, convertirse en un amor para toda la vida. La obra de Rangel será recordada mayormente por sus niños con cara de muñecos. Él pintó todo un mundo de niños de fantasía. Sus series más famosas fueron Navidad en el mundo, Nacimientos mexicanos y Juegos de niños. Curiosamente no tuvo hijos y en general les tenía poca tolerancia. A Rangel se le atribuyen los dibujos que aparecen en la escena de las posadas en la película de Disney Los tres caballeros.

Discreto, introvertido, de memoria impresionante para los nombres y los rostros. Dueño de un fabuloso poder de convencimiento, encantaba, encandilaba y cuando no, imponía. De gusto exquisito, ese estilo fino y perfeccionista que tenía para el arte lo trasporta a cada aspecto de su vida y fácilmente podía perder la paciencia si no se acataban sus instrucciones al pie de la letra.

Gran contador de historias, aunque ya se sabía que el mismo cuento mejoraba y aumentaba con cada plática. Para sus amigos, ir a visitarlo implicaba ir con tiempo y escucharlo hasta que tal vez él decía: Ya vete, ya me quiero dormir. Cosechaba lichis, fresas y gerberas, que obsequiaba a sus amigos y allegados. Rangel puso de moda las gerberas en los 90, y se adornaron con ellas todos los actos oficiales, fiestas y eventos públicos. Así, la obra de Rangel salió de los cuadros, y como él, se mezcló con la vida misma de Colima.

Regresar y quedarse tuvo un precio, pero Rangel, más allá de la fama y la trascendencia, apreciaba su vida de ensueño como “Marqués del Volcán”, que tuvo en su hacienda de Nogueras, donde recibió la envidia “de la buena” de tantos amigos que lo visitaban constantemente. Su casa siempre fue un ir y venir de genialidades. Ahí se planeó mucha de la vida cultural de Colima durante casi dos décadas.

En abril de 1999 la Universidad de Colima le otorgó el grado de Doctor Honoris Causa, pero fiel a su estilo renuente de flashes y reflectores, Rangel Hidalgo aceptó el reconocimiento con la condición de que no hubiera ceremonia pública. El Bachillerato Técnico 17 de Comala lleva su nombre desde 2004, lo mismo que escuelas en otros estados del País.

En sus últimos años después de legarle a la Universidad su hacienda y sus “ollitas” -como él llamaba a la cerámica precolombina-, Villa Chávez le diseñó una casa muy funcional en la colonia San Pablo de Colima, donde vivió sólo acompañado del personal a su servicio. Ahí diseñó, creó y pintó hasta el final. Alejandro Rangel Hidalgo falleció en su casa, en Colima, el 7 de febrero de 2000, poco después de cumplir 77 años.

Un artista muy culto para ser naif, muy popular para ser exclusivo, muy burgués para ser nacionalista. Demasiadas etiquetas tiene ya con todo lo que se le antojó hacer en la vida. Rangel es “el último artista de la belle époque de las haciendas mexicanas, más allá, el último artista del barroco nuestro”, en palabras de García Oropeza.

Que la vida le dé tiempo a María Emilia, su sobrina y ahora custodia de su legado, para que nos muestre un día todo lo que queda del genio, del artista, del conversador, del mejor ajonjolí que ha dado esta tierra.

Todo es más bonito cuando compartimos

Derechos Reservados© Alejandro Rangel Hidalgo® 2019. Producido por Mexicoexquisito® 2019
  • TemaAlejandro Rangel y su legado, el estilo Rangeliano
  • PersonajeAlejandro Rangel Hidalgo
  • FotografíaLivier García
  • Créditos especialesEstetismos
  • LocacionesNogueras, Comala, Colima